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"Más acá y más allá de las palabras"

El diario oficial soviético “Pravda” acusó a las radios occidentales de difundir “instrucciones codificadas” a las fuerzas antisocialistas de Polonia. El lenguaje y el tono del comunicado crearon clima de novela policial: códigos secretos de submundos peligrosos llenos de subtergios  y trampas. No caigamos en ellas. André Frossard, desde “Le Figaro”, nos explica con una buena dosis de humor en qué consisten esos códigos misteriosos a los que hace referencia “Pravda”. Se trata, ni más ni menos, de usar palabras por todos conocidas pero cambiándoles el sentido. Así, cuando las radios occidentales hablen de “libertad” se entenderá la facultad de la que disponen los hombre y mujeres para actuar de acuerdo a sus propias ideas y de disponer de si mismos como mejor les plazca y no la disponibilidad perenne del ciudadano para obedecer las órdenes del Estado. Parecería que, en una brillante operación de espionaje, los agentes de la KGB lograron apoderarse de algunos diccionarios occidentales. Fue el “Pequeño Larousse ilustrado” que les dio, ¡finalmente!, la pauta para descubrir las claves del código.

Este fenómeno de tergiversación lingüística no es nuevo. Es la Alemania comunista la que lleva, por ejemplo, el nombre de República Democrática. Pero en estos últimos tiempos la confusión llegó a su apogeo. Desde Irán, el ayatollah y sus “estudiantes” amenazaban con ejecutar a los prisioneros detenidos, cuando en realidad no se trataba de prisioneros sino de rehenes, y claramente lo que se evitó fue su asesinato y no su ejecución. Polonia y los comunicados oficiales nos dieron igualmente unos cuantos ejemplos. Las huelgas que en Occidente contaban, en general, con el apoyo de la URSS, que veía en ellas manifestaciones populares contra el “capitalismo opresor”, se convirtieron de la noche a la mañana en “antisocialistas” en Polonia. Apenas producida la invasión rusa a Afganistán, algunos periodistas atropellados comenzaron a llamar rebeldes o guerrilleros al puñado de hombres que decidió defender su región, hasta que alguien tuvo la sensatez de señalar que ésa era una forma de condenarlos de entrada, tiñéndolos de desaprobación. Surgió así el término de “resistentes”, más adecuado a una realidad en la que unos cuantos afganos luchan contra un invasor.

En una época como ésta, dominada por los medios masivos de comunicación, tenemos que prestar atención porque, conscientes o no, estamos todos inmersos en esta confusión de significados, significantes y sentidos. No es fácil mantener la lucidez en medio de esta maraña pegajosa de palabras carentes de sentido. En este sigo muy de cerca de Jean D’Ormesson y le estoy, casi, pisándole los talones en su última “Crónica del tiempo que se va”. El pensamiento claro exige instrumentos exactos. Bajo la presión constante de fórmulas abusivas y difusas es muy difícil, dice, mantener el espíritu abierto. Habrá que descubrir o redescubrir un día que la liberta esta, en todo nivel, sujeta a reglas. La dificultad consiste en saber cuales son las que someten y cuales las que permiten la expansión.

El mismo lenguaje nos da un buen ejemplo: todo se puede expresar con el, hasta las mínimas sutilezas y matices; podemos crear imágenes, inventar ideas, jugar y crear con las palabras -¿qué hacen si no los poetas?-. Lo que no podemos hacer es destruir las leyes gramaticales de fondo. La libertad de laque disponemos como parlantes es infinita… siempre que respetemos las reglas del juego. Mezclar sin ton ni son verbos, sonidos, artículos, letras o adjetivos es el caos, la anarquía, la locura, la soledad. Hay que hacer el esfuerzo, porque lo que este tejido viscoso de palabras plantea es el problema de la verdad. Desnudar las palabras para re-vestirlas ideológicamente es una forma de dibujar un panorama borroso, grisáceo y diluido de la realidad. Realidad a la que tratamos de darle n sentido. Y sentidos hay muchos. Está el literal, el figurado, están los cinco maravillosos sentidos y hasta el sexto, pero también y sobre todo está el sentido común. Ese que tenemos ustedes y yo y todos los hombres y mujeres sin necesidad siquiera de haber pasado por la Universidad.

 

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