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Evolución Consultoría en Comunicación Pedagógica

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Evolución Consultoría en Comunicación Pedagógica
 


Evolución Consultoría en Comunicación Pedagógica"Desarrollar lo humano"
La Prensa - Suplemento "Cultura", Buenos Aires, Domingo 4 de febrero de 1996.

Por Laura Bertone (*)

La especialista en ciencias de la comunicación -largamente radicada en Europa- propone pautas para evitar que las confusiones del siglo XX se instalen en el que esta a punto de comenzar. La mirada inteligente, que ayuda individual y globalmente al hombre, puede ser la clave de muchas soluciones.

La vida, ese maravilloso proceso que compartimos todos, se esta volviendo cada ves mas compleja. La avalancha de la información y la simultaneidad de los requerimientos dejan al descubierto nuestras dificultades para procesarlas. ¿Quién se negaría a concentrarse en lo importante y descartar lo accesorio, integrar lo nuevo con rapidez entender con claridad?¿A quién no le gustaría explicar lo que siente t lo que piensa con precisión, plantearse objetivos y lograrlos? ¿Y convencer sin artificios, re-conocer lo prioritario, y entablar relaciones familiares y laborales enriquecedoras con intercambio, aprendizaje y evolución? Presiento un apabullante porcentaje de adhesiones afirmativas. Entonces, podemos empezar a trabajar. Porque lograr que un grupo humano permita que cada uno de sus miembros, con sus particularidades y diferencias, se comunique con los demás y que en la inter-acción crezca, no es una utopía. Soy testigo de que estas asociaciones existen. Fui, en otras latitudes, parte integrante de ellas.
¿Lo dicho significa borrar de un plumazo conflictos, problemas, celos, envidias? No, sino prepararse para afrontar mejor todas esas circunstancias negativas. Se me ocurre que la confusión es la característica que más exactamente define a la sociedad argentina de este final de siglo. Con-fusión de niveles y ordenes de abstracción. La mezclas de valores y la ensalada de referencias vuelve a-típica a esta sociedad, y de difícil comparación con la de otros países. Cambalache- Discépolo mediante- parece (retratándonos) habernos colocado a la vanguardia mundial de la confusión.
¿La premonición del poeta termino produciendo lo que justamente apuntaba a criticar, convirtiéndose así en una de las más tristes profecías de auto-cumplimiento del siglo XX?

Pasar a otro idioma
Traducir "Que todo fue y será una porquería…" me resulta tan difícil como tratar de explicar a un extranjero la acepción argentina de la palabra ñoqui. Tras varios intentos, la cara de desconcierto del interlocutor es prueba irrefutable de que los niveles de corrupción - y confusión- no son iguales en todas partes. No me crean sin probar. Experimenten con el primer extranjero de primer mundo que encuentren a mano.
Si argentinos, chilenos, indios, africanos, franceses, rusos, italianos, suecos, marroquíes, filipinos, japoneses, peronistas, radicales, militares, cristianos, musulmanes, judíos, budistas, capitalistas, comunistas, tercermundistas, etcétera, dejáramos de lado nuestras características y diferencias ¿nos quedaría algo en común? Sí: la capacidad de razonar y sentir, de pensar, de abstraer, de emocionarse y de hablar. En potencia o en acción.
En los seminarios que marcaros a varias generaciones en las más prestigiosas universidades norteamericanas de los años 30, ese precursor que fue Alfred Korzybski (1) preguntaba a sus discípulos: "¿Si médicos, físicos, abogados, ingenieros, matemáticos, biólogos, psicólogos, lingüistas, veterinarios, astro-físicos dejaron de lado aquello que los diferencia en sus áreas de estudio, qué elemento compartirían en el quehacer científico?" Y contestaba: "La capacidad de abstraer, razonar, deducir, inducir, asociar, comparar, seleccionar, clasificar y ordenar la información". En otras palabras, al denominador común lo constituyen ciertas capacidades de pensamiento y
habla.

Crear la realidad
Ese espacio entre pensamiento-emoción-lenguaje en el que creamos la realidad y nuestra relación con ella, parecer ser el ámbito universal humano por excelencia. Esa área que nos define como humanos, y que compartimos sin distinción de raza, sexo, color, religión, nacionalidad, ideologías y nivel socioeconómico y cultural fue hasta ahora ignorada en la mayoría de los intento de la llamada educación formal. Lo sigue siendo, aquí y en el exterior.
Sin embargo hay excepciones, que se vienen multiplicando con lentitud pero paso seguro en algunos países.
No nos sorprende que durante la fabulosa aventura de Colón en América haya habido querellas reyertas en sus propias filas. Desde la Argentina contemporánea tendemos a creer que aquellas discordias siguen siendo inevitables, de este lado del mundo. Seguramente lo serían si, en las condiciones actuales, nuestro país se embarcara en un programa para poner hombres en el espacio. Nuestras internas podrían volver imposible cualquier misión y hasta desbaratar a la más sofisticada de las tecnologías.
Nos preguntamos qué hizo, y hace posible, que equipos norteamericanos lleguen a la luna, que tripulaciones ruso- americanas convivan en el espacio, que grupos humanos de diversas culturas se adentren por períodos prolongados en el fondo del mar o de la tierra y sean enriquecidos por la experiencia.
El desarrollo -económico, cultural, científico- debe estar acompañado por el desarrollo humano. Para lograrlo hay que trabajar multidireccionalmente.

Siglos después
Las más de cinco centurias que separan la aventura de Colón de la astronauta Armstrong vieron en ciertas sociedades no sólo el auge de la tecnología sino también la evolución en las relaciones humanas.
El desarrollo humano involucra la toma de conciencia y de cuidado de ese jardín secreto donde confluyen los caminos del pensamiento, la emoción y la palabra.
Tal vez, lo que mas tenemos que revisar son algunas performances en las que los argentinos nos creímos imbatibles. Viveza no es sinónimo de inteligencia, ni simpatía de calidad en las relaciones humanas. Como tampoco tener plata es entre nosotros sinónimo de calidad de vida.
Resulta paradójico que el avance tecnológico y la competencia comercial vuelan prioritario al comportamiento. Lo cual explica -tal vez- que grandes empresas del exterior hayan creado sitios para la formación interna.
¿Qué trato de demostrar con estas disquisiciones? Que es necesario desarrollar cuanto antes esa formación interna para la que encontramos, por ahora, dos modos de acceso: a través del pensamiento y por medio de la palabra. ¿Cómo lo hacemos? En el primer caso mediante la ejercitación de nuestras capacidades mentales, realizando algo que se podría llamar ejercicios físicos para la cabeza. No se trata de agregar mas ideas, sino de ordenar y conectar las que ya tenemos, aligerando así sistemas nerviosos alterados. La segunda propuesta indica que hay que enfocar la atención en la forma en que nos comunicamos para eliminar las barreras que solemos crear.

Un juego
¿Por qué la dirección subyacente en los dos modos de acceso enunciados nos ubica en el polo opuesto a Cambalache? Porque nos enseña que para integrar es necesario primero discernir, y que integrar implica cambiar de nivel.
Propongo un juego. Tomen dos objetos que a priori resulten idénticos y, como en el ejercicio de los siete errores, busquen diferencias. Entre dos manzanas verdes, por ejemplo, habrá seguramente variación en el tono, el peso, la forma, la presencia o no de cabito o de algún machucón. A algunos la confrontación les parecerá tan fácil que la confundirán con una pavada. A otros les resultará muy difícil. Sugiero que unos y otros insistan. Con dos lápices, dos fósforos, o dos autos de la misma marca y año. Los que perseveren comprobarán que cosas supuestamente iguales ofrecen diferencias.
Si un turista europeo decide ir de Buenos Aires a Córdoba en auto y para hacerlo lleva un mapa donde en el lugar de la capital cordobesa se lee San Juan y en el de la provincia cuyana Córdoba, el extranjero sigue las rutas indicadas salvo que creyéndose en Córdoba acaba en San Juan. ¿Algo cambió en la conformación de las rutas o el país? No, solo el mapa falló.
La observación es el primer paso del método científico. Observar con atención hace descubrir diferencias, y reconocer lo diferente permite clasificas, asociar, integrar.
Distinguir apariencia y realidad, el mapa del territorio y la palabra del objeto resulta fundamental para no creernos en Córdoba cuando estamos en San Juan.

Una brújula
Estoy segura de que el enfoque perfilado funciona como una verdadera brújula que orienta en ese espacio humano a desarrollar. Lo sé por experiencia: por el resultado de años de observación y estudio cerca de algunos de los hombres que caracterizaron a este siglo. La modesta investigación personal se acopló como anillo al dedo a otras mucho más ambiciosas. Porque detrás de los juegos -útiles para el aprendizaje como afirma la pedagogía- existe una teoría científica y un sistema filosófico. Describirlos con su entretejido bibliográfico excedería la extensión lógica de esta nota.
El desarrollo del espacio humano -a través de la mirada inteligente- va dirigido a todos, y especialmente a los que por su peso sociocultural actúan como modelos prototipitos. ¿El resultado? Uno de los logros más difíciles de conseguir: el cambio de actitud. La tolerancia, la apertura, la flexibilidad, el respeto; el pensamiento crítico y la creatividad vienen por añadidura. Porque están en nosotros.


(*) Autora de En torno de Babel (Hachette, Buenos Aires, 1989); directora de EVOLUCION, creadora de seminarios de comunicación para empresas y del programa Ordenadores mentales: aprender a pensar; es miembro del Institute of General Semantics.

(1) Fundó el Institue of General Semantics; entre los libros que escribió figura Ciencia y salud mental (Lakeville: The Internacional Non- Aristotelian Library Publishing Company, 1933)

Diario La Prensa y la cultura

Domingo 04/02/1996.

 

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